
Ocho en punto de la mañana, todos los niños están entrando a la escuela, algunos corren por que saben que no son tolerados los retardos, pero la mujer que cuida la puerta es benevolente y espera a que todos entren para así cerrar las puertas. Ya adentro, los que corrían se sienten aliviados, llegaron, ese es el primer reto del día, ahora viene el segundo y primordial, sobrevivir.
Antes de pasar a sus salones, los niños se forman en el patio, lo hacen dependiendo su grado, grupo, estatura y genero; no hay ningún maestro que los oriente o los vigile, pero los niños no lo necesitan, después del primer día que alguien se atrevió a no obedecer la regla de la formación, a nadie le han quedado ganas de volverlo a hacer.
Los niños toman distancia, y se quedan inmóviles, parecen fichas de domino, solo bastaría empujar al primero de cada fila para que los demás cayeran a sus espaldas, pero aunque alguien lo hiciera ellos no protestarían, no pueden darse el lujo. Siguen esperando en silencio hasta que uno de los prefectos sale de su escondite y da la señal de avanzar, todos los niños avanzan en orden, parecen soldaditos aunque ninguno sobrepase los 13 años.
Al llegar al salón, los niños toman asiento y sacan de sus pesadas mochilas el primer libro del día, nadie puede preguntar que libro es, ya todos lo saben, y hay de aquel que lo olvide. Sin necesidad del profesor, los alumnos comienzan a leer, hoy es el capitulo 12, todos leen en silencio pero al parejo de los demás, nadie puede oírlos, pero el equivocarse y atrasarse podría costarles caro, mas de lo que están dispuestos a arriesgar.
Justo cuando están a punto de terminar su lectura llega el profesor, esto es igual en todos los grupos de la escuela, los profesores se sientan en su escritorio y esperan a que los niños terminen de leer; y justo cuando están leyendo la ultima palabra, el profesor rompe el silencio diciendo: "19, ¿De que nos habla este capitulo?", y entonces el alumno con el numero de lista 19 se pone de pie y comienza a explicar la lectura que toda la escuela efectuó, y así al terminar toma asiento y el profesor pregunta otra cosa a otro alumno al azar; todos los niños contestan instintivamente, para eso han sido educados; el profesor hace preguntas cada vez mas complejas, pero los alumnos las contestan sin dudar, ellos no pueden fallar, todavía recuerdan la ultima vez que uno de ellos se equivoco, nadie quiere equivocarse de nuevo, jamás. La clase parece universitaria por la complejidad de los conceptos que se discuten, pero solo son niños de cuarto grado de primaria.
La clase sigue así hasta que suena la campana, los niños de todas las escuelas del país gritan y se emocionan al escucharla, pero en esta escuela no, aquí los niños no se inmutan. El profesor se levanta de su silla y abre la puerta, en ese instante los niños se levantan y salen en orden, otra vez organizados en estatura y genero; el campanazo marca el cambio de clase, y para los demás grupos de la escuela significa un nuevo maestro en el mismo salón, pero para este cuarto grado las cosas son diferentes, los demás grupos de la escuela lo saben, y dentro de sus cabezas rezan por ellos. Los alumnos se dirigen hacia el fondo del pasillo, y suben por la oscura escalera, tres pisos arriba caminan por un corredor que los lleva al último salón de la escuela, el laboratorio.
Los niños no pueden hablar ni salir de la fila, pero en sus ojos se nota el terror que sienten, el sudor corre abundante y libre por sus frentes que limpian rápidamente todos a la vez: esto solo pasa una vez a la semana, saben que tal vez al salir de este laboratorio ya no sean 28 alumnos, y todos están dispuestos a luchar por no ser el que no salga de ahí.
Todos se detienen delante de las puertas del laboratorio, unas puertas de acero sólido enormes, de un color olvidado a causa del oxido; los niños esperan inmóviles a que suceda un milagro y hoy no se abran estas puertas malditas, pero eso nunca ha pasado, todas las semanas esperan lo mismo, y todas las semanas las puertas se abren, justo como hoy.
Un hombre alto y de cabello largo, canoso y medio enredado les abre la puerta de mala gana, pero no puede hacerles nada, ya que ellos no han dado motivo alguno, ya bastantes historias se oyen de un niño que le enseño la lengua a este hombre, se dice que esa lengua es una de las que están en los frascos en la vitrina del laboratorio, junto con sus ojos, sus orejas, el cerebro y sabrá dios cuantos órganos mas pertenecerán a ese insolente mocoso, en aquella vitrina que a los niños no les gusta mirar; así que ningún niño mira a este hombre, que es el ayudante del profesor de laboratorio.
Los niños se concentran en la nuca del compañero de adelante, pobre de los dos primeros, son los más pequeños y los únicos que no tienen alguien delante a quien mirar.
Los alumnos entran al laboratorio y se acomodan en sus bancos, no antes de cubrirse con sus batas blancas que están en los percheros junto a las mesa, y ponerse sus botas protectoras. Ya sentados, el profesor sale de su oficina y comienza con la clase, hace una explicación sobre la anatomía de un cerdo, el cual esta colgado de un gancho en el centro del laboratorio, el cual es de forma redonda, donde los alumnos están al rededor de el maestro, el cual comienza a diseccionar al cerdo vivo aun: el sonido de los chillidos del animal es ensordecedor, pero los niños no pueden darse el lujo de distraerse con ellos, ya que las pequeña falta de atención podría significar ser el ayudante del profesor para la siguiente lección.
La sangre del animal se riega por todo el salón y llega hasta los pies de los estudiantes, el olor es insoportable, pero los niños saben que eso es justamente lo que el profesor y su ayudante pretenden, distraerlos para que se equivoquen y entonces tener su excusa.
Los minutos han pasado y le lección termino, en el gancho que sostenía al cerdo solo queda la espina dorsal, el ayudante la baja de ahí, y recoge los pedazos en una carretilla, y hay quienes juran que se chupa los dedos llenos de sangre mientras se lleva todo, pero no pueden estar seguros ya que no se atreven a mirar.
Ahora que la primera lección ha terminado, el reto comienza, el profesor comienza las preguntas a los alumnos sobre lo que acaban de ver y escuchar, los niños saben que el errar una respuesta es igual al suicidio, así que lo hacen muy bien, puede verse la en la cara del profesor y su ayudante, pero según las reglas no pueden hacer nada si los niños no se equivocan o se comportan indebidamente.
Las preguntas que el profesor tenia planeadas se han acabado, parece que los niños han ganado, pero este le susurra algo al oído de su ayudante, el cual no puede evitar que una risa mórbida salga de sus horrendas fauces; el ayudante se dirige a la bodega, y luego regresa con una sonrisa de oreja a oreja, y con la carretilla con los restos del animal antes diseccionado. El profesor pide a los alumnos que identifiquen las partes del animal poniéndoselas tan cerca de la cara que produciría el vomito a cualquiera, pero los niños resisten y contestan acertadamente, parece que al profesor se le acabaron las ideas, y parece que esta vez no habrá ayudante para la siguiente lección, cuando a un alumno de la tercera mesa, por los nervios que conlleva este salón, descuida su lápiz, y este rueda por la mesa y cae al suelo.
Todos lo oyen, los niños no se mueven, pero saben que todo esta perdido, sus ojos se abren tanto de miedo, que parece que saltaran en cualquier momento; el ayudante esta extasiado por este error del niño, tanto que casi pueda saborearlo; el profesor por su parte se acerca al niño que no se mueve y le dice: "¿No vas a levantar tu lápiz?", el niño esta muerto de miedo y no sabe que hacer, no contesta ni se mueve, con trabajos puede respirar; el profesor repite: "¿No vas a levantar tu lápiz?", el niño suda como nunca entes en su corta vida, esta apunto del colapso, pero aun no se mueve, y el profesor dice una vas mas: "¿No vas a levantar tu lápiz?"Y justo cuando el niño va a soltarse a llorar y a rogar por su vida, el ayudante, lleno de rabia grita: "¡recoge esa madre pequeña bola de mierda, hazlo de una buena vez que ya quiero saborear tu sangre!" Todos los alumnos voltean a verlo, y este se da cuenta de lo que acaba de decir, los alumnos esbozan una diminuta sonrisa y vuelven a su estado de maniquí.
El profesor dice a su ayudante: “Hans, conoces las reglas, no esta permitido gritar ni decir obscenidades dentro del instituto" El infeliz de Hans no puede creer lo que esta pasando, y los niños se emocionan de saber el nombre de este pobre diablo, que no volverán a ver mas desde hoy; Hans solo puede decir: "Pero... señor, yo... digo...no era mi, es que ese maldito... y... su lápiz..." pero las palabras sobran para el profesor que jala una palanca junto a su escritorio y el gancho que sostenía al cerdo se le encaja a Hans por el tórax.
- Bueno jóvenes, comencemos con nuestra segunda parte de la clase de anatomía: La anatomía humana, demos un saludo a nuestro ayudante del día, el señor Hans- dice el profesor y todos los niños miran al moribundo Hans con una sonrisa completamente siniestra y dicen:
-"Adiós señor Hans"
La clase transcurre con normalidad y Hans no muere sino hasta cinco minutos antes de terminar. -Bueno jóvenes, eso es todo por hoy, nos vemos la próxima semana." Los niños hacen una reverencia y en orden y en silencio salen del salón dejando sus batas y sus botas donde las encontraron, y así regresan a su salón a seguir con las clases regulares. Por esta semana seguirán siendo 28, la que sigue, ¿Quien sabe...?
Enviado por: darkclaw
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